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Canadá frente a Irán, una referencia para nuestro país

Edición del Domingo 06 de enero de 2013

El gobierno de Canadá ha decidido hace unos meses romper relaciones diplomáticas con el régimen teocrático de Irán. A través de una declaración concisa pero terminante, Canadá retiró a sus embajadores de Teherán y exigió que los ayatolás hicieran lo mismo en un plazo perentorio. La iniciativa fue tan precisa y drástica que el régimen liderado por Ahmanidejad ni siquiera tuvo tiempo para elevar una protesta diplomática o plantear alguna instancia de negociación.
Las causas de esta decisión ejemplar fueron diversas pero concretas. En principio se objetó la ayuda militar al régimen sirio dirigido por Assad y se cuestionó sus reiteradas violaciones de los derechos humanos. Asimismo, Canadá nunca admitió las explicaciones del régimen chiíta acerca del secuestro, tortura, violación y muerte -en 2003- de la periodista canadiense en Irán, Zahara Kazemi. Tampoco aceptó su carrera nuclear, sus reiteradas declaraciones antisemitas y, finalmente, su descarada decisión de valerse de la inmunidad de las embajadas y mezquitas para militarizar a sus fieles en territorio canadiense.
Precisamente, la gota que desbordó el vaso fueron las declaraciones del encargado de la Secretaría de Cultura de la embajada convocando a los iraníes residentes en Canadá a resistir “la cultura dominante”.
En su momento, la Cancillería canadiense había advertido a los iraníes acerca de estas maniobras lesivas contra la soberanía nacional y en el mismo comunicado recordaba que la mayoría de los iraníes residentes en ese país eran exiliados o disidentes. Al no ser escuchados, se tomó la decisión de multiplicar los controles de los visados de los iraníes ingresantes. Como a pesar de estos llamados de atención, la embajada persistió en sus comportamientos abiertamente conspirativos, finalmente se decidió romper relaciones diplomáticas.
La Argentina debería mirarse en ese espejo. Los canadienses no esperaron que desde la embajada de Irán se coordinara un operativo terrorista y, mucho menos, consintieron que en nombre de actividades religiosas o culturales se promocione el antisemitismo o la carrera atómica. Por el contrario, preocupados por la seguridad nacional, decidieron cortar por lo sano no bien advirtieron el doble discurso practicado por los diplomáticos iraníes.
Lo sucedido en Canadá, por lo tanto, debe ser evaluado como una decisión valiente. Los argentinos, en este sentido, tenemos mucho que aprender, ya que pareciera que ciertos funcionarios de nuestra cancillería no terminan de hacerse cargo del peligro que entraña para nuestra seguridad un país que no ha vacilado en agredirnos y que hoy pretende rehuír su responsabilidad invocando argumentos leguleyos.
Al respecto, las recientes negociaciones diplomáticas han demostrado, por si quedaba alguna duda, ser irrelevantes. Concretamente, Irán no se responsabiliza del atentado terrorista contra la AMIA y maniobra para desconocer la investigación de la Justicia que involucra a algunos de sus principales dirigentes.

http://www.ellitoral.com/index.php/diarios/2013/01/06/opinion/OPIN-01.html

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